La ausencia de crítica

En una conversación que publica Le Monde diplomatique en su edición del mes de julio, José Saramago e Ignacio Ramonet hablan de la falta de espítritu crítico de nuestra época. Se titula "El desastre actual es la ausencia total de espíritu crítico", aquí se puede leer una versión, es un texto interesante. Estoy de acuerdo con lo que dicen: es asombrosa la ausencia total de crítica en la sociedad actual, sobre todo si la comparamos con la omnipresencia de la información. Todo se cuenta una y mil veces en los periódicos y en la red. Las noticias rebotan de un sitio a otro sin cesar pero a nadie se le ocurre pararse a pensar y tratar de evaluar, sopesar, comparar, nadie se ocupa de saber si las cosas están bien o están mal, si no se podrían mejorar. Afirma Ignacio Ramonet que " lo normal es lo que existe y lo anormal es distanciarse de ello. Se afirma que lo que existe, lo que estamos viviendo, no es un resultado ideológico, sino puramente técnico, científico, etc. ", y por lo tanto todo se da por hecho. La palabra crítica, como explicaba Santiago Amón, viene del verbo griego crino, que significa juicio, sea positivo o negativo. Criticar es por tanto formular un juicio. Como es lógico, dependerá del autor de la crítica su acierto o desacierto, pero es necesario que haya quién a la exposición de unos hechos añada un análisis y juicio, una crítica que ayude a desentrañar la esencia de las cosas, su validez, su coherencia. El criterio me parece, en estos tiempos, más necesario que nunca. Veáse este video de Amón explicando la génesis de la Gran Vía: Valgan como ejemplo de la ausencia de crítica el tratamiento de dos acontecimientos notoriamente reflejados en los medios de comunicación en los últimos tiempos. El primero es la celebración del primer centenario de la Gran Vía madrileña, que ha consistido en magnificar la arquitectura de sus edificios, que por cierto es en general, y salvo contadas excepciones, de una mediocridad aplastante, y en tratar de hacer de la Gran Vía un gran monumento madrileñista, cuando precisamente una de sus principales características es la de representar como nadie la pobreza urbanística de una ciudad que sigue siendo un poblachón manchego, gigantesco eso sí, pero poblachón manchego al fin y al cabo, siendo esta característica a la vez uno de sus principales valores y atractivos. Querer hacer de la Gran Vía un monumento urbanístico y arquitectónico va, en mi opinión, y trato ahora de ejercer de crítico, en contra de su propia naturaleza, que es la de una calle cuyo carácter proviene precisamente de su falta de unidad estilística y de su trazado forzado y chapucero, condicionado por el poder de la Iglesia, como explica también Amón en el vídeo de arriba. El otro ejemplo es el del acontecimiento Solar Decathlon, al que dediqué un post hace unos días. Estuve buscando algo de información al respecto, y encontré por todos lados la misma, la que proporcionaban los organizadores y participantes en el evento, y también estuve buscando alguna crítica sobre el asunto, y no encontré absolutamente ninguna. ¿No se podrían realizar y contestar algunas preguntas? Como por ejemplo, ¿Qué aplicación tienen todas esas tecnologías? ¿No convendría tratar de encontrar soluciones  más asequibles a los problemas actuales de nuestras ciudades? ¿Están justificadas las inversiones de las Universidades participantes, o convendría quizás investigar y desarrollar aplicaciones más sencillas? ¿No se trata de un evento excesivamente politizado? (Hacía tiempo que no veía logotipos amarillos tan grandes esparcidos por todos lados) ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar el vacío en que se ha convertido la palabra sostenibilidad en boca de todos?

3 comentarios en “La ausencia de crítica”

  1. Anonymous dice:

    Estoy totalmente de acuerdo, Jacobo, hay poca crítica. A mí me gustó mucho un artículo de Estrella de Diego sobre la Gran Vía que apareció no hace mucho en Babelia (http://www.elpais.com/articulo/portada/Gran/Via/elpepuculbab/20100529elpbabpor_36/Tes) donde comentaba el empeño sistemático de nuestros poderes públicos en vulgarizarlo todo con sus celebraciones de tan bajo nivel. A mí me encanta la Gran Vía, pero quizás no tanto por sus arquitecturas (aunque sí las que saludan al cielo), sino por la vida que en ella bulle: los comercios, la gente, el caos circulatorio, las prostitutas… Me hubiera gustado que no la celebraran tanto como paradigma de lo castizo y que la dejaran en paz.
    En cuanto al Solar Decathlon, a pesar de carecer de una fuente ni una sombra para cobijarse y de hallarse en medio de las salidas de humo de la M30 soterrada, a mí me gustó mucho conocer esos proyectos. Sí que me gustaría saber qué continuidad tienen esas investigaciones y qué aplicaciones tienen a medio plazo para el ciudadano de a pie.
    Buenaventura del Campo

  2. Hola Buenaventura.
    El artículo de Estrella de Diego estaba bien, a mí también me paece que los “forjadores de centenarios”, como decía mi padre, son de lo más decadente.
    Y a mí también em encanta la Gran Vía, por supuesto, es mi calle favorita, no de Madrid, sino quizás del mundo entero, por la que paso a menudo y disfruto de la vida que en ella bulle.
    Gracias por pasearte por aquí.

  3. Andrés dice:

    Sobre la ausencia de crítica estoy de acuerdo, y me ha gustado el video de SA; desconocía el papel de la iglesia en el trazado quebrado. En cualquier caso, me parece una feliz casualidad, pues el trazado en 3 tramos quebrados parece adaptarse mejor a la topografía: no quiero imaginar qué hubiera sido de esta calle subiendo y bajando esa loma con un trazado absolutamente recto.

    Sobre los centenarios: el Faraón Gallardón dijo al comenzar aborrecer el casticismo de su predecesor, pero este centenario no parece muy diferente a las violeteras y chirimbolos de aquél.

    Y oye: ¿cuántas veces se recorre SA la calle arriba y abajo en el taxi, para que el video dure tanto :)?

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