La rejilla

Sobre la rejilla de la plaza de Isabel II, más conocida quizás como Ópera por los madrileños, se podría escribir un novelón. Cada semana, más o menos, llevan viniendo los esmerados operarios el Ayuntamiento a darle un repaso, porque no aguanta el peso, la pobre, de lo que se le viene encima, nada más y nada menos que los gigantescos autobuses rojos en que pasean los turistas, tostándose al sol en su azotea descapotada, en pos de las inmejorables instantáneas que les ofrece tan privilegiado punto de vista. Mañana y tarde, de lunes a domingo, unas ruedas gigantescas (ver video en el post anterior) sobre las que se desplazan varias toneladas de peso sobrecargan sin piedad su  superficie, y como no están preparadas para semejante carga ceden por donde pueden. Aunque pensándolo bien, no es tanto la rejilla el problema, que es bastante recia, sino el foso en el que se apoya y por el que discurre el agua. En fin, que el detalle constructivo no es muy acertado, la rejilla se desbarata y se convierte en una perfecta trampa para los peatones que por allí circulan, que sin comerlo ni beberlo pueden facilmente meter el pie dentro y salir de allí en ambulancia, la trampa es de verdad de lo más mortífera para cualquier pierna que caiga dentro. Pues bien, tengo buenas noticias, pues este fin de semana han tomado medidas drásticas. Los aplicados operarios se han entretenido toda la mañana del sábado en soldar unos refuerzos hierro de lo más recios, detalle construcutivo en mano, o al menos bien presente en su cabeza, inculcado a buen seguro por algún técnico del Ayuntamiento que andaría ya desesperado. Esperemos que la cosa haya quedado ya bien solucionada. Seguiremos informando.   Foto: plaza de Isabel II, más conocida como Ópera, en Madrid

en “La rejilla”

  1. […] La rejilla, la pobre, va de mal en peor. Se retuerce, se sale de su canal. El agujero está lleno de escombros y de basura, los adoquines de alrededor, los restos de la banda de rayas rojas y blancas que le ponen alrededor a la herida, las latas de refrescos, una calamidad. La verdad, no es por ofender, pero tiene un aspecto fatal, muy desmejorada respecto a la última vez que la fotografié. […]