Mi casa con balcones

Cuando el poeta Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto fue nombrado cónsul de Chile en Madrid en el año de 1934 le encargó a su colega Rafael Alberti que le buscara una casa en Madrid, quien no dudó en recomendarle que se fuera a instalar en un edificio que acababan de estrenar, allá por el nuevo ensanche por el que se iba extendiendo la ciudad. Pocos años después, al visitar de nuevo la casa después de que fuera destruida por los bombardeos durante la Guerra Civil, la describía así: “Mi casa era llamada la / casa de las flores, porque por todas partes / estallaban geranios: era / una bella casa / con perros y chiquillos ./ […] / te acuerdas de mi casa con balcones en donde / la luz de junio ahogaba flores en tu boca?”.

La Casa de las Flores fue un ambicioso proyecto urbano realizado durante la década de 1930 por el arquitecto Secundino Zuazo. Influido por las experiencias centroeuropeas, que intentaban dotar a las nuevas ciudades de mejores y más higiénicos alojamientos, Zuazo quiso dar una solución distinta al encargo de construir un edificio de viviendas en una manzana completa del barrio de Argüelles, en el distrito de Chamberí. Así, mientras que los edificios que se iban alienando con la cuadrícula ortogonal guardaban las apariencias mientras escondían la ropa tendida en angostos patios de luces, la Casa de las Flores quiso respirar aire y luz por los cuatros costados. O más bien habría que decir por sus seis fachadas, pues a las que rodean el contorno de su manzana hay que añadir otras dos, las que dan a su hermoso patio de manzana, transformando el interior de la manzana en una auténtica calle ajardinada, y consiguió algo que solamente se da en algunos casos excepcionales; que las viviendas interiores sean al menos tan buena o mejores como las que dan a la calle. Por casas como esta merece la pena, cuando uno está buscando casa, no pinchar en el filtro de Idealista que excluye los pisos interiores, es un poco más trabajoso porque la mayoría no valen la pena, pero a veces se lleva uno gratas sorpresas.

Para no alterar la configuración del barrio, en cuyas manzanas suele haber varios edificios distintos, y evitar una fachada demasiado uniforme, la Casa de las Flores se descompone a lo largo de las calles Hilarión Eslava y Gaztambide en varios volúmenes diferenciados. Por el Sur, dando a la calle de Rodríguez San Pedro y asomándose a la de Princesa, vuelan sobre los soportales -en otro tiempo diáfanos y hoy ocupados por sucursales bancarias- los balcones corridos, auténticos jardines colgantes. Por el Norte, a lo largo de la calle de Meléndez Valdés, la fachada se retranquea quedando más resguardada. En la planta baja los diez portales que dan acceso a las viviendas son casi todos diferentes. Retirados ligeramente de la calle, encastrados en la profundidad de los sólidos muros unos y protegidos por los soportales otros, se enmarcan por los relieves producidos gracias al juego de los ladrillos. En las plantas superiores las superficies quedan planas, tan s´lo confiadas a la textura de las pequeñas piezas de tierra cocida, tan sólo recortadas por las generosas ventanas, como falsos balcones con su finísima barandilla y sus huecos de más de dos metros de altura, protegidos por las ligeras persianas verdes de madera que pueden quedar entreabiertas gracias a un mecanismo especial.

La Casa de las Flores fue declarada Monumento Nacional en 1981. Hoy pertenece en su mayor parte a una empresa que alquila los pisos, aunque aun quedan unos pocos en manos de propietarios privados. Ahora hay uno en venta que está disponible desde hace mucho tiempo. Como se ve en las no muy afortunadas imágenes del anuncio, ha sido reformado, perdiendo gran parte de su encanto, aunque conserva, por imperativo legal, que sino seguro que ya habrían desaparecido, sus maravillosas ventanas y la terracita que da a la calle interior, y naturalmente todo lo demás, pero sus cualidades no parecen suficientes como para encontrar un comprador que esté dispuesto a asumir un sobreprecio de un 7% respecto a los precios medios del entorno.

Yo quisiera suponer que vivir en una casa diseñada por un buen arquitecto debería tener un valor económico, pero he podido comprobar que las cosas no funcionan realmente así. Los valores arquitectónicos no son muy apreciados, al menos en general, en nuestro país. pudiendo resultar casi negativos a veces: “Uy, es que si esta casa está protegida no puedo cambiar las ventanas…”, me dicen a veces. Pero les aseguro que una buena casa aporta un bienestar y un confort extraordinarios. La luz, los tamaños de las habitaciones, la altura de los techos, la organización de las circulaciones, los materiales, –¡las ventanas de la Casa de las Flores!– todo fue pensado para funcionar como un reloj en esta preciosa.

No bien sino estupendamente hizo Alberti las veces de agente inmobiliario, pues eligió para su amigo Pablo Neruda, quizás les suene más este nombre, buen barrio y buena casa, de las mejores de Madrid. Aun hoy en día. Al menos para mi.




El arquitecto bilbaíno Secundino Zuazo Ugalde (1888-1970) dedicó gran parte de su vida profesional a pensar en la ciudad. La Casa de las Flores es antes que nada una propuesta urbana, pues su idea era configurar el barrio por medio de estas calles interiores, creando una auténtica ciudad jardín. Pero fue esta solución la única que aportó a la ciudad de Madrid. A su lápiz se debe el mismísimo paseo de la Castellana, cuyo trazado convenció al jurado del concurso internacional que se convocó. Y otros muchos edificios de la capital llevan su firma, como el conjunto de los Nuevos Ministerios, el Palacio de la Música de la Gran Vía o el magnífico Frontón Recoletos de la calle Villanueva, 2, en colaboración con el ilustre ingeniero Eduardo Torroja, pura poesía formal, derribado en el año 1974 para hacer un bloque de pisos (más normal).




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Poema completo de Pablo Neruda en el que recuerda la Casa de las Flores y el barrio de Argüelles antes de que fuera bombardeado durante la Guerra Civil Española, y evoca sus impresiones cuando volvió a la ciudad y lo encontró destruido por los bombardeos.

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