¿Otra vez el Kilómetro Cero?

Madrid ha tenido muchas, muchísimas puertas. De la mayor parte de ellas sólo queda el nombre y la huella casi imperceptible de lo que un día fue entrada y salida de la Villa, mientras que otras se han quedado como monumentos aislados, engullidos por el desbordante crecimiento urbano, rodeados de calles y autopistas. Pero ninguna ha tenido horizonte tan lejano como la del Sol, por donde solía entrar el astro a la ciudad a primera hora de la mañana.

Se tienen noticias de esta puerta desde el siglo XIII, aunque no del todo fiables. Con seguridad existía ya en 1478, con un sol pintado en honor a su cotidiano visitante. De puerta pasó pronto a cruce de caminos que comunicaban el Madrid antiguo con las  salidas de la Villa, absorbida por el todavía lento crecimiento de la de  principios del siglo XVII, que poco a poco fue concediéndole la centralidad que ya nunca perdería. En aquella época era un descampado con insalubres casas donde vivían hacinadas las gentes más pobres. En uno de sus extremos se encontraba el hospital e iglesia del Buen Suceso, que tuvo en su fachada el primer antecesor del actual reloj, famoso por tener tan sólo una aguja y ser objeto de continuas quejas por parte de los madrileños, y en otro el convento de San Felipe el Real, en cuyas gradas estuvo el “mentidero” de Madrid, centro de reunión para la gente ociosa en donde se comentaba o inventaba la realidad que a continuación rodaba “como bola de nieve que después recorría la ciudad”, en palabras del cronista Vélez de Guevara.
Su aspecto actual empieza a fraguarse en el siglo XVIII, al construirse por encargo del rey Carlos III el edificio de Correos y Casa de Postas, hoy sede de la Comunidad de Madrid. El único edificio institucional que tiene la Puerta del Sol fue construido con planos del arquitecto francés Jaime Marquet. Organizado en torno a dos grandes patios interiores, sirvió en un primer momento para instalar el edificio de Correos, lo que provocó que la Puerta del Sol se convirtiera en origen de las carreteras radiales españolas, el célebre kilómetro 0, que marcaría las distancias recorridas por los correos que estrechaban los lazos entre la capital y sus provincias. Más tarde se instaló allí el Ministerio del Interior, llamado después de la Gobernación y, ya con la dictadura franquista, la temida Dirección General de Seguridad. La torre se construyó en 1866, casi un siglo después que el edificio, para instalar el reloj que hoy podemos contemplar, fabricado y donado por el ilustre relojero José Rodríguez Losada para que, como él mismo declarara con mucha visión de futuro, “dé la hora a todos los españoles y conduzca con felices augurios la vida de España”, según cuenta el escritor Luis Alonso Luengo en El reloj de la Puerta del Sol (ed. Comunidad de Madrid, 1990). El reloj de la Puerta del Sol, en cuyas campanas figura la firma de Losada , tiene la particularidad del mecanismo independiente de la maquinaria que hace bajar la bola dorada siempre que alguien se haya ocupado previamente de subirla, operación que resultaba demasiado costosa para ser realizada todos los mediodías, por lo que actualmente sólo se realiza en nochevieja. ¡Feliz Año Nuevo!
La Puerta del Sol se había ido convirtiendo por entonces en un punto de intensísimo tráfico y frenética actividad: los productos de las huertas y de las granjas cercanas se vendían allí mismo, los funcionarios y los empleados de la industria y las oficinas transitaban por ella, los correos no paraban de entrar y salir mientras la gente iba a misa o al teatro. Una estadística contabilizaba, un día de trabajo de 1857, entre las ocho de la mañana y las nueve de la noche, 3.950 carruajes y 1.414 caballos pasando por ella, dejando por imposible contar el número de transeúntes.
Por fin, tras años y años de deliberaciones, decenas de proyectos frustrados y algún que otro gobierno caído, en 1859 llega la Puerta del Sol que conocemos de la mano del ingeniero Lucio del Valle, que realiza una operación estrictamente funcional en busca del saneamiento de la ciudad vieja y del desahogo del intenso tráfico que la colapsa. Tomando como referencia la línea Mayor-Alcalá, afianzada tras la construcción del edificio de Correos ya convertido en Ministerio del Interior, derriba las numerosísimas manzanas incluidas en el arco de círculo que forma su espacio actual al que se irían incorporando las nueve calles que a ella llegan, presintiendo quizás el funcionamiento de las rotondas que organizan el tráfico de las nuevas ciudades. Desde entonces los límites de la Puerta del Sol han permanecido invariables. Tan sólo se han ido cambiando las aceras de sitio y poniendo y quitando objetos de todo tipo: en vez de una fuente en el centro se ponen dos centradas, las marquesinas de los autobuses van de un lado para otro, se quitan algunas de las bocas de Metro, se ponen otras, el oso y el madroño se traslada de vez en cuando, de repente aparece Carlos III a caballo por el medio, se quita una farola isabelina para poner otra moderna y, tras la indignación popular, se vuelve a poner la isabelina, se renuevan los cinco quioscos de periódicos, se ponen unos maceteros gigantes con madroños de verdad… Entretanto, las loteras siguen repartiendo el gordo y la frenética actividad comercial -comida rápida, cambio de divisas, zapaterías (“¡No compre usted aquí, vendemos muy caro!”), tragaperras, paraguas, fotocopias, etc-, sigue su curso sin pestañear.
Al pasar por la Puerta del Sol, en plena Movida Madrileña de los 80, el grupo Radio Futura, enamorado de la moda juvenil, se daba cuenta de que el futuro estaba ya aquí. Todas los grandes acontecimientos populares que ha vivido Madrid, desde la rebelión del 2 de mayo o el Motín de Esquilache hasta las manifestaciones de antesdeayer y de hoy mismo convocadas en las redes sociales por Democracia real ya, han contribuido a engrandecerla a la vez que cambiaban el curso de la historia.
Los periódicos se preguntan si estamos ante un movimiento importante. No se sabe muy bien, pero flota la sensación de que por algún sitio tiene que explotar esto.
¿Entraremos una vez más por la Puerta del Sol en un momento histórico? No sería, desde luego, la primera vez.
Foto: la Puerta del Sol esta mañana. / PABLO TALAMANCA (EFE)

3 comentarios en “¿Otra vez el Kilómetro Cero?”

  1. Andrés dice:

    ¡Bien! (Así me gusta: al día siguiente de mi petición). Sobre el movimiento DRY, decir que tiene todas mis simpatías, pero que desde mi punto de vista adolece de propuestas concretas. Entre ellas, la más inmediata (y fácil de conseguir) sería que hubiera listas abiertas en los procesos electorales, con eso cambiarían ya muchas cosas. Sobre la Puerta del Sol, que siempre me ha parecido uno de los mejores proyectos urbanos (el original) de la historia de Madrid, a menudo olvidado y denostado. Abrazos, Andrés.

  2. Gracias Andrés, ya ves que te hago caso ipsofacto. En cuanto a los DRY, yo creo que, como todas estas revoluciones virtuales, está completamante desestructurada, y no tiene por tanto capacidad de acción más allá de la propia expresión de la indignación.
    Y respecto a la Puerta del Sol, pues a mí también me parece de lo mejor que tenemos los madrileños y los españoles. Paso por allí casi a diario y me siento siempre en el espacio público por excelencia.
    Abrazos.

  3. Andrés dice:

    Jaja, sabía que te gustaría ese apócope (DRY) tan de bebida alcohólica ;) Hombre, lo “mejor de los españoles” como espacio público, puede ser, pero estaría en clara disputa con las Ramblas (eso sí, si algún día se vieran libres de las hordas turísticas).

    Mi teoría, y así lo confirman Egipto y Túnez, es que la novedad es que no es tan difícil pasar de la expresión de la indignación a las consecuencias tangibles, basta con articular un par de peticiones concretas y simples. Insisto en que la de las listas abiertas es una muy fácil de conseguir, y que tendría un efecto higienizante inmediato. Abrazos, Andrés.