¿Qué fue de Subero?

La observación de la fachada de la antigua ferretería Subero, desde que cerró, allá por el mes de marzo de 2013, hasta que se ha instalado en su antiguo local una nueva tienda de ropa (en este caso interior), me ha servido, además de para ir tomando nota del discurrir de los carteles que han ido forrando sus ya desaparecidos escaparates, para seguir pensando sobre la evolución de Madrid durante los últimos años, sobre todo en lo que respecta al uso del espacio público del centro.

Como es bien sabido, la consumo es la base del sistema económico y el principal entretenimiento del urbanita contemporáneo, y los las calles se han transformado en grandes centros comerciales, cuyos locales han ido siendo ocupados por  franquicias de las grandes multinacionales. Salir a divertirse ya no es, en este siglo XXI, ir al cine o al teatro, sino ir a comprar ropa o comer yogures. La transformación del cine Avenida de la Gran Vía en una tienda de HM es quizás de la más dolorosas y elocuentes imágenes de este fenómeno imparable, que cae por su propio peso: sus columnas dóricas neoclásicas enmarcando el logotipo de esa marca de ropa barata son un icono del poder de transformación que tiene la aceptación de que el mercado es el regulador de los usos de la ciudad. Esto no es nada nuevo, hace ya tiempo que no hay sastres en la Gran Vía madrileña y que en las antiguas cafeterías se despacha comida basura. Lo que fueron locales de lujo se han ido convirtiendo en lugares para el ocio –consumo– de las clases medias que se gastan la paga extra en vestidos, camisetas y bragas.

Las conclusiones son obvias, aunque no por ello menos relevantes. La primera y quizás la más importante es la expulsión de los residentes de los centros de las ciudades. Mientras las calles peatonalizadas caen en manos del comercio global y pierden la riqueza específica de los comercios tradicionales, la vida cotidiana se desarrolla en otros lugares. Para conocer Madrid, y digo conocer cómo viven sus gentes, ya no vale visitar la Puerta del Sol ni la Gran Vía. Hay que irse a Vallecas o a Moratalaz para encontrar un bar con el suelo alfombrado de serrín y peladuras de gambas como los de toda la vida. El número de residentes en el centro va siendo cada vez más residual, los servicios al consumo sustituyen a la vida de barrio.

La segunda es el profundo cambio cultural que se ha producido en la manera en que nos divertimos los ciudadanos. El ocio es ahora equivalente a comprar, el consumo de objetos y mercancías sustituyen a los entretenimientos del siglo XX que ocupaban los espacios representativos, convirtiéndose el marketing, la creación de deseos artificiales, en el regulador del comportamiento económico de la ciudad y sus habitantes.

Guste o no guste, estos procesos son imparables, y tenemos que contenternos con poder observarlos, con conservar al menos la libertad de poder observarlos, pero no hay alternativa, impera el dios del dinero, y la ciudad no hace sino reflejar su reinado.

¡A comprar bragas a la antigua ferretería Subero!




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3 comentarios en “¿Qué fue de Subero?”

  1. Andrés dice:

    Hola, y feliz dia pre-navidad.

    Más allá de las cosas que expones, y que ya hemos hablado, hay otra que creo que no mencionas: en el sentido puramente arquitectónico, ¿no es una intervención -la de los arquitectos de WS- de realmente no haber entendido nada? Lo digo porque la fachada del Subero tenía un punto, con un escaparate a lo largo tipo Loos o Sert pero a lo pobre-Hortaleza. Y lo que veo ahora no parece el mismo sitio, empezando por una pilastra de piedra que antes no existía, o al menos no quedaba a la vista. Porque, si nos fijamos y servimos de las preexistencias, ¿por qué negar también las más recientes, y tener esa manía por destapar las más antiguas?

    Abrazo, AM.

    • Jacobo dice:

      Hola Andrés,
      desde luego, tienes toda la razón, el aspecto formal tan unido al ético es muy importante, había pensado mencionarlo peroal final se me escapó, pero desde luego merecería un post aparte.
      En general, no creo que los arquitectos que se dedican a estas cosas no entiendan nada, sino que tan solo atienden a criterios relacionados con el marketing, y ahora lo que se lleva es que los sitios parezcan antiguos, como con solera, supongo. No lo sé muy bien, pero es interesante.
      ¡Que tengas un buenisimo Año 2014!
      Gracias.
      Un abrazo.

  2. Andrés dice:

    Sí, puede ser, pero esos arquitectos y sus clientes son unos incultos: porque igual de solera, sino más, tenía ese curioso escaparate acristalado de los ’60, que esas pilastras espantosas y lustrosas. Que comencéis vosotros bien el año también, ¡hasta pronto! Andrés