¿Qué piloto no ha soñado alguna vez con aterrizar sobre la pista de su comunidad y guardar su avión en su propio jardín?

Se celebra en el Museo ICO de Madrid una exposición que propone, según su comisario, el arquitecto Luis Fernández Galiano, "una mirada reflexiva sobre los logros y las lacras de un tiempo acelerado y una hoguera económica que ha dejado tras de sí brasas y cenizas." Lo primero, no se alarmen si no saben muy bien lo que quiere decir con estas palabras el señor comisario, suele ser habitual en sus escritos una cierta ambigüedad, por decirlo suavemente. Pero no es cuestión de hacer leña del árbol cayendo.

Lo importante es la exposición. Esta mirada reflexiva se organiza en un doble programa. Por un lado está Spain mon amour, en la que un grupo de estudiantes de arquitectura explica en vivo y en directo a los espectadores una serie de obras que quiere representar, digamos, lo bueno de la arquitectura realizada en España estas dos últimas décadas. Se celebra su "calidad arquitectónica". Esta selección ha sido realizada por el propio comisario.

Por otro está Ruinas modernas, una impecable selección, rigurosa, amena y muy bien documentada por la arquitecta Julia Schulz-Dornburg, de las ruinas sin estrenar que han quedado visibles en nuestro territorio, esos activos inmobiliarios ociosos que forman un paisaje de singular e inquietante belleza. Cada una de estas obras viene a representar digamos lo malo de lo realizado en este mismo período, y se acompañan con fotografías aéreas y a pie de no calle, planos cuando los hay, datos sobre su gestión (promotores, aprobaciones urbanísitcas de las administraciones públicas, estado de ejecución, marketing y comercialización –esto último es lo más hilarante), y el medio físico y social en el que se no inscribieron esos no lugares.

A la entrada de Ruinas modernas hay una inscripción muy reveladora: el verbo especular proviene de la misma raíz latina que espejo, especulare, igual que espejismo. Estas ruinas sin entrenar son efectivamente espejismos que lamentablemente se hicieron realidad.

A la salida de la exposición me invadieron sensaciones y preguntas contradictorias. Por un lado, me sobrecogía la inquietante belleza de los espejismos de carne y hueso. Por otro, me asaltaba la curiosidad: quería saber más sobre las personas –¿o eran agentes inmobiliarios?– que convirtieron sus sueños en realidad transformado nuestras vidas en una pesadilla: cuál era su formación, cómo estarán ahora sus cuentas corrientes, cuál es su paradero... También me extrañaba que una entidad financiera pública, el Instituto de Crédito Oficial, se prestara a mostrar el producto de su propia irresponsabilidad, de forma tan ingenua, igual que el propio comisario. Pero la más intensa de todas fue el desasosiego de pensar que ambas exposicones hablaban, inconscientemente, de una misma cosa: de unos espejismos producidos por una sociedad enferma y estúpida, que han dejado herido de muerte el oficio del arquitecto.

Algunas críticas de la exposición:
 La mala memoria por Fredy Massad 
 Exposición / Explotación por n+1
 Julia Schulz y la topografía del lucro por Arquiscopio

Una no crítica:
 Un urbanismo del bueno en El País

Sitio de Julia Schulz: http://www.juliaschulzdornburg.com/

Algunos de los espejismos más hilarantes, valga la expresión:
 Complejo de aventuras Meseta Ski, Villavieja del Cerro, cerca de Tordesillas.
 Eslogan: Vive la aventura todo el año.
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Campo de vuelo Residential, Alhama de Murcia.
 Eslogan: ¿Qué piloto no ha soñado alguna vez con aterrizar sobre la pista de su comunidad y guardar su avión en su propio jardín?
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En la foto, Golden Beach and Golf Resorts, San Juan de Terreros, Pulpí, Almería.

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